Con actitud roquera nuestros actores–músicos-malabaristas harán que la música sea humor, que un piano vuele, que la imaginación sean pelotas en el aire, los textos una imagen de sí mismos, el triciclo un deporte extremo los tambores un duelo de malabares al ritmo de Mozart, creando así escenas oníricas y surrealistas llenas de humor.